Alonso Arreola | LabA Clases
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LabA Clases


LabA no es una escuela tradicional. Es el Laboratorio Creativo que Alonso fundó para Bajistas y Músicos interesados en aprender música, en encontrar su propia voz y en desarrollar y ejecutar proyectos concretos. En él también da asesoría a grupos enteros que planean discos o presentaciones. Además, en este espacio ensaya con sus proyectos, compone y se pierde neciamente en las más extrañas búsquedas de lo que él cree que es la belleza.

Para más información escribe a:

labalonso@yahoo.com.mx
¿QUIERES ESTUDIAR BAJO O MÚSICA EN GENERAL?
Por Alonso Arreola

 

El peligro de la moda
 
Estudiar música se ha hecho popular. Todos los días nos enteramos de una nueva escuela, de un artista que ha decidido dar clases y promoverse en internet, de miles de lecciones gratuitas que aparecen en plataformas de video. Por un lado, esto es de celebrarse. Se sabe que una sociedad con mayor sensibilidad tiende a ser más justa y bondadosa. Sin embargo, en países donde los controles de calidad no son confiables existe el riesgo de caer en manos de gente que carece de trayectoria reconocida en la docencia o, lo que es peor, que desconoce toda metodología pedagógica. Ojo. Ello no quiere decir que se deba certificar o controlar a todos los maestros particulares (Japón sí lo hace, por cierto), pues atentaríamos contra procesos naturales de oralidad que mantienen vivas a las músicas tradicionales. Pavarotti decía: “aprender música leyendo teoría musical es como hacer el amor por correo”. Pero tampoco cancela que al momento de decidirnos por el estudio de un instrumento averigüemos a quién le destinaremos tiempo y dinero para que nos enseñe a tocarlo, para que nos guíe en sus bellos misterios.

 

La técnica
 
Recuerda: tocar es más que desarrollar capacidades físicas. Si bien la técnica es fundamental para que suceda la magia, ésta no se va a manifestar a menos que le sumemos información rítmica, melódica y armónica, literaria (si se trata de canciones), cultural (si queremos conocer múltiples géneros), de entrenamiento auditivo y, lo más interesante, de nuestra propia vida. Esto significa que, no importando a qué otra actividad te dediques o si eres músico profesional, el entrenamiento bien dirigido deberá enriquecer tu personalidad en todo momento.

 

Estudiar música ayuda en la vida
 
Aprender a componer e improvisar, enfrentar a una audiencia (aunque sea pequeña o esté constituida por amigos y familiares), saber manejar el cuerpo en un escenario, verter opiniones y juicios con respecto a lo que escuchamos, crear colectivamente, planear y producir a corto, mediano y largo plazo… todo ello contribuye a ejercitar lo mejor de nuestra naturaleza, fomenta el liderazgo, la seguridad, la tolerancia y la toma de decisiones, herramientas útiles en cualquier otra disciplina que nos ocupe prioritariamente.

 

Se puede aprender a cualquier edad
 
Es así que no importa la edad a la que comencemos. Está claro que mientras más temprano se inicie hay mejores posibilidades de alcanzar una técnica superior (sólo eso), pero también es verdad que la mayoría de los niños desertan porque aún no han fortalecido su melomanía. Muy diferente es el asunto con jóvenes y adultos que deciden abordar un instrumento. Normalmente su amor por la música está claro y no todos pretenden vivir de ella. Además, las buenas composiciones no están siempre asociadas con la complejidad, la velocidad o la sofisticación. La banda sonora que corresponde a nuestra sustancia es única y, justo por ello, tiene numerosos y caprichosos valores externos. Desde luego que, como decíamos al principio, estamos hablando sobre todo de música popular: rock, pop, reagge, electrónica, jazz, blues, etcétera. Tratándose de música clásica el asunto es diferente. Instrumentos como el chelo, el violín, el contrabajo, el corno, el clarinete, el oboe, el fagot y tantos más, requieren de un proceso de enseñanza particular, con otra velocidad y objetivos. Para empezar, los sitios donde sucede son harto distintos. Aquí nos estamos refiriendo al aprendizaje de piano, guitarra, bajo, batería, percusiones y alientos como el saxofón o la trompeta; a repertorios cotidianos y masivos.

 

La importancia del maestro, cara a cara
 
Ahora bien, muchos interesados en aprender música piensan que con la información que hoy fluye por las redes no es necesario tener un maestro; que sólo hace falta buscar tutoriales, tips y bibliografías para enseñarse a sí mismos. Pero es un error. Demasiada gente que comparte adiestramientos en internet y que publica métodos o partituras lo hace en buena lid pero con ingenuidad, desde su propia ignorancia. Digamos, para entendernos con sencillez, que hoy cualquier hijo de vecina siente que puede instruir a otros sobre cómo manipular un instrumento. Y cuidado: aunque momentáneamente parezca que las cosas funcionan, lo que suele descuidarse es el futuro del estudiante. En términos de pericia y conocimientos musicales: los errores “invisibles” que dejamos pasar en el presente traerán consecuencias posteriormente. A esto hay que agregar lo vivencial. Es cierto: no está mal tener asesorías vía Skype u otros medios a larga distancia. Sin embargo, estudiar un instrumento sin que alumno y maestro estén cara a cara hace que se pierdan muchísimos aspectos y experiencias sensoriales definitorias. No todas las manos u oídos son iguales, no todas las personas tienen las mismas aptitudes. O sea que no podemos generalizar los procedimientos. Allí es donde un buen maestro, compartiendo sabiduría en la misma habitación, equilibra las cosas.

 

El río de la música
 
Finalmente, sea cual sea el caso, debemos decir que tener instrumentos en casa mejora el ambiente y propicia la creatividad, aunque éstos pasen largas temporadas en silencio. Piensa: no hay que ser ejecutantes profesionales ni virtuosos para que el hechizo de la música se haga presente transformando nuestro tiempo. En el pasado la gente solía cantar y tocar más en comunidad (lo que sigue sucediendo fuera de las grandes urbes). La televisión con su “realidad” sobreexplotada, el internet con su individualismo, los reproductores digitales con sus gigantescas memorias, todos han contribuido a que esta experiencia cambie de formas extrañas y no siempre positivas. Lo bueno, lo inevitable, es que el río de la música —siempre el mismo, siempre diferente— estará dispuesto a recibirte en todo momento para hacerte más feliz, para mejorar tu estadía en la Tierra. Además, como dijera el gran violinista Yehudi Menuhin: “La buena música la vida alarga”.- ALONSO ARREOLA
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