Alonso Arreola | Julio Abraham Hernández Romero
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Julio Abraham Hernández Romero

“LILA”

 

Comencé esta pieza tratando de hacerle un homenaje al vikingo Ragnar Lodbrok. Figura que oscila entre la realidad y el mito (o el mito de la realidad). Aquel que contra todos pronósticos de encontrar riquezas en tierras del sur puso a temblar a Europa; franceses y británicos conocieron la fiereza del guerrero que se decía hijo del propio Odín, el que marcó un parteaguas en la historia como uno de los guerreros más valientes y pelotudos de los que se haya escuchado.

Estampa que tuvo repercusión en mí por la fuerza de voluntad, por el hambre, la perseverancia y la valentía demostrada en dichas hazañas. Supongo que en aquel momento del año necesitaba de un símbolo que me diera valor ante la adversidad, y en Ragnar encontré dicha inspiración, ¿por qué no dedicarle ésta pieza al mismo Rey del Norte?

Puse manos a la obra pero la siempre bienvenida inspiración no se me acoplaba a un sonido propio de la envergadura de Mr. Lodbrok, o al menos no la que yo estaba buscando-imaginando. Puse pausa a la tarea. Quería que fuera lo más honesto posible y por alguna razón entre más buscaba la sinceridad menos la encontraba; estaba buscando algo en el proceso de la pieza que me ayudara a la catarsis, a volverme a levantar y ciertamente Ragnar con sus pelototas no eran un móvil suficiente. Dejé de buscar por ahí y -sin ganas de sonar a August Rush- comencé a escuchar(me). Ese cambio de enfoque simplificó todo. Lo que necesitaba era volver. Necesitaba recordar.

Traté de simplemente tocar enfocado en sólo tocar; el resultado me gustó. No sabía de qué estaba hablando en realidad pero lo sentía más honesto que los anteriores intentos. Grabé la pieza y aún no tenía nombre ni sabía de bien a bien cuál era la emoción principal o el discurso propio de la misma. De hecho, no estoy seguro de saberlo al 100% todavía.
Es la primera pieza hago después de un tiempo no muy corto que digamos, siento que acá está contenido un atisbo de lo que había estado cargando desde entonces. Es tal vez, una recapitulación emocional de lo transcurrido, o al menos un prefacio de la verdadera recapitulación. No creo haberla logrado de una manera magistral como yo esperaba, pero me deja un buen sabor de boca saber que no estoy peleado con lo que ha pasado y que puedo decirlo, que a pesar de todo puedo confiar en mí. Al tocar esta pieza siento algo parecido, creo que estoy diciendo algo así.
Quise que en estos cincuentaytantos segundos estuviera contenida esa parte de mí, la que necesito siempre recordar, a la que siempre puedo acudir.

A Ragnar le puede tocar una buena distor después.